jueves, 26 de febrero de 2009

Doña Matilde y El Águila


LA MAESTRA MATILDE RAMÍREZ
Y EL AGUILA

Antonio Espino Mandujano


La tarde que entrevisté a la maestra Matilde Ramírez descansaba bajo un guayabo que durante muchos años le ha dado sombra y tranquilidad, además de olorosos frutos.

Hace algunos días celebró sus 75 años y me platica acerca de los años vividos y esa sed de conocimientos que la ha llevado a consagrar su vida a la enseñanza y ahora a la lectura “porque cuando se llega a viejo los días suelen ser largos y cansados”.

Dice que su fe en Dios es grande, por eso nunca se ha dado por vencida y siempre ha luchado sin dejar que la edad y la tristeza le doblen la espalda.

Como cada año el 10 de octubre, entre la algarabía de los feligreses, asea y viste al Señor del Buen Temporal con ropajes multicolores y sombrero de paja, para que los lugareños con la imagen religiosa en hombros emprendan una peregrinación por los pueblos de Caracheo y Manantiales del municipio de Cortazar, por ello es muy apreciada por los habitantes de las comunidades que se encuentran en las inmediaciones del cerro de Culiacán.

Por otro lado su experiencia le hace decir que las hojas del verdadero calendario de la vida deben ser contadas en instantes, tal vez por eso aun cuando relata una vida de pobrezas no hay rastros de amargura en su voz y sigue conservando la mirada de aquellos que siguen confiando en los seres humanos.

Cuando se llega a viejo, no hay nadie que pueda ayudarlo a uno, más que su propia voluntad. Renovarse o morir, como el águila, nos dice.

Y le da lectura a un pasaje cuyas letras hablan de renovarse y por el cual siempre ha tenido cierta fascinación: “ El águila es el ave de mayor longevidad... llega a vivir 70 años, pero para llegar a esa edad, a los 40 años deberá tomar una seria y difícil decisión...

Sus uñas están apretadas y flexibles, dificultándosele cazar las presas de las cuales se alimenta.

Su pico se curva apuntando contra su pecho, sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas gruesas... Volar se hace ya muy difícil.

Entonces el águila tiene solamente dos alternativas: enfrentar un doloroso proceso de renovación, o morir.

El proceso consiste en volar a lo alto de una montaña y quedarse ahí en un nido cercano a un paredón, donde no tiene necesidad de volar.

Al encontrarse en el lugar, comienza a golpear con su pico en la pared hasta conseguir arrancarlo. Al lograrlo espera el crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una, uñas y talones.

Cuando los nuevos talones comienzan a nacer, empezará a desplumar sus plumas viejas. Después de 5 meses sale a su famoso vuelo de renovación que le dará 30 años más de vida”

Bajo el sol quemante de nuestra existencia, concluye doña Matilde, en nuestra vida “muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación... y como el águila, para continuar un vuelo de victoria, deberemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causan dolor.

Ya que, solamente libres del pasado podremos aprovechar el resultado valioso de una renovación”.

En otras palabras, inspirados por la generosidad y el sentido común , en nuestro proyecto de vida... renovarse o morir.

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